Hoy se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de don Juan Manuel de Rosas, el cual hoy en día por suerte es un poco más recordado por el actual gobierno, aunque intenta tomar cosas de su accionar atemporalmente y bajo circunstancias totalmente diferentes. En realidad, los K nombran a Rosas pero su figura también los pone un poco incómodos, por lo cual prefieren referenciar a Dorrego. No vaya a ser que los relacionen con la Revista Cabildo.
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| Juan Manuel de Rosas (Buenos Aires, 30 de marzo de 1793 – Southampton, Hampshire |
Cuando transcurre el tiempo y se apagan las pasiones, es cuando podemos juzgar mejor a las personas y a sus circunstancias. Rosas tiene indudables aciertos y claros errores. No es Dios ni un Demonio. Fue un gobernante acorde a los tiempos que se vivían y quizá no llegó a avecinar los tiempos que se venían. Claro está, pasó la mayor parte de su tiempo en el poder bajo la amenaza de los implacables unitarios que, amén de los aciertos que pudieron haber tenido luego en algunos rubros, actuaron bajo el gobierno de Rosas de una manera apátrida, deshonesta, pérfida y ruin. Rosas vivió apretado entre la reacción unitaria y la amenaza franco-inglesa, además de tener que lidiar con díscolos caudillos del Interior, belicosas tribus y peligrosos vecinos.
Mucho se ha escrito a su favor y en su contra. Lo que no podemos ignorar, es que don José de San Martín legó a él su célebre sable corvo con la siguiente dedicatoria:
"El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas como una prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla."














