lunes, 9 de junio de 2008

Diálogo


Colaboración de un amigo. Imperdible.


El ministro escuchó el ruido del despertador, gruñó algo inteligible, despegó los párpados a duras penas y cuando su mujer lo miró de reojo con esa mirada que a veces tienen los jueces - y antes tenían los comisarios - para mirar a los reos, le explicó:
-- Hoy tengo que dialogar vieja.
-- Claro -- dijo ella -- la democracia es diálogo. -- Se dio media vuelta y siguió durmiendo, como dando a entender que el matrimonio no es una democracia. Y aunque lo fuese, el diálogo siempre lo manejan ellas.
La cosa es que el ministro, después de las abluciones de rigor y un piscolabis "light", se tomó el helicópetro y apareció tan orondo como siempre en su despacho en La Rosada.
-- Hoy es un día de diálogo. -- le espetó a su secretario, despues de dialogar en voz baja un tanto subrepticia e íntimamente con la telefonista -- Venga, repasemos la agenda de los diálogos del día de hoy.
Así, ministro y secretario, se sentaron al imponente escritorio de roble del señor ministro y comenzaron su diálogo sobre los diálogos del día.
-- Tenemos que dialogar con el ministro de economía en primer lugar. -- sentenció el ministro -- No puede ser que el diálogo sobre el INDEC ya lleve tanto tiempo.
-- Lo que pasa -- le arrimó el secretario -- es que Don Guillermo ahora dialoga con la gente del INDEC pero antes no dialogaba nada porque el IPC le daba muy alto. Ahora le da bien pero la gente del INDEC ya no dialoga con los supermercados ni los almacenes.
-- Claro. - replicó el ministro, pensativo - Lo que hay que hacer es construir el círculo virtuoso del diálogo. Don Guillermo tendría que dialogar con los supermercadistas para que éstos dialoguen con la gente del INDEC. Así, él dialogaría con el INDEC, el INDEC dialogaría con los almaceneros y los almaceneros dialogarían con Don Guillermo.
-- ¿Y no sería mejor que se juntaran todos en una Mesa de Diálogo?
-- ¡Noooo! - El ministro casi saltó de su sillón ante tamaña herejía - El diálogo constructivo se construye en cascada querido mío. ¡No se hace en patota!.Fíjese lo que pasó con el diálogo con el agro.
-- ¿Complicado, no?
-- No, tan complicado no es. Lo que pasa es que no podemos establecer el diálogo. Cuando nosotros queremos dialogar, ellos están de piquete.
-- ¿ Y cuando ellos quieren dialogar?
-- Nosotros estamos con Don Néstor dialogando con los muchachos del pejota.
-- ¿Y no podríamos posponer eso un poco?
-- No mi querido. Si no dialogamos con la gente del pejota, los muchachos le cortan el diálogo a la transversalidad y después no tenemos respaldo para dialogar con la gente del agro. Pero claro, el problema está en que los muchachos del pejota que dialogan con nosotros no quieren que dialoguemos con la oligarquía sojera; y cuando nos respaldamos demasiado en ellos, son los del agro los que no quieren dialogar con nosotros porque no ven para qué van a dialogar si nuestro el diálgo es un diálogo clasista dialéctico que parte del principio de que no se debe dialogar con los oligarcas, y los radicales transversos sólo dialogan con nosotros cuando nosotros dialogamos con ellos de la guita que les vamos a mandar.
-- ¿ No es un poco como el cuento de la buena pipa?
-- No mi querido. Lo que pasa es que la dialéctica del diálogo es algo sutil. Para dialogar hay que haber dialogado primero sobre lo que se va a dialogar y de ese diálogo tienen que surgir con claridad meridiana cuales deberían ser los resultados del diálogo. En realidad, un diálogo democrático bien establecido es aquél diálogo en el cual los resultados del diálogo ya han sido dialécticamente establecidos en un diálogo previo. No se puede dialogar si primero no dialogamos sobre qué queremos dialogar, cómo vamos a dialogar y para qué queremos dialogar.
-- Pero ministro, ¿no sabemos para qué queremos dialogar?
-- Bueno, nosotros masomenos lo sabemos pero no conseguimos dialogar con ellos para que ellos quieran dialogar de lo mismo a fin de llegar al mismo resultado del diálogo que nosotros establecimos antes de dialogar ¿me entiende?
El secretario se rascó la cabeza y dijo "Sí, claro.", tanto como para decir algo y no parecer un badulaque ignorante.Pero la verdad es que no había entendido ni medio. Aunque no se sintió mal. Miró por la ventana y - al menos espiritualmente - se sintió acompañado por 40 millones de argentinos que tenían el mismo problema que él.
Porque nosotros tampoco lo entendemos.
A lo mejor lo entenderíamos mejor si hubiese un poco de diálogo.

1 comentario:

Todos Gronchos dijo...

Nadie quiere escuchar a nadie. Este país retrasa.

Saludos!

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